MI APRENDIZAJE.
El valioso precio del silencio lo he tenido que pagar con la imprudencia de mis palabras, la susurrante victoria que brinda la paciencia, la he visto pasar de lejos por no frenar los pasos de mis ajetreadas decisiones.
He recorrido el mundo habiendo aprendido poco, he desechado los destellos de la felicidad por tomar lo abundante y efímero de lo material, esos que al perderlos hasta el recuerdo se llevan.
He vivido con tres centavos de amor y un millón de tormentos, con menguada paz y exagerado enojo. Paliando el dolor con consuelos vanos. Multiplicando el refrigerio de la esperanza para no morir de sed.
He caminado tanto que el dolor de los pies desaparece con la distancia, he recibido tanto por piedad como por pasión.
He tanteado en la oscuridad de la tragedia buscando la lámpara del sosiego, he brindado por el dolor de la separación convenida y me he lamentado por la unión que estorba a la serenidad.
Pensaran que he aprendido mucho, yo sin embargo diría que poco. Lo mucho ha sido las veces que por insensato he trillado una y otra vez el camino del desacierto.
¿Un guerrero?...no, en realidad sigo en la lucha llevado por la fuerza de la eventualidad, que me empuja a seguir el indetenible curso de la vida.
Vida misma que no tendría sentido sin esos desaciertos que estremecen el suelo de mi existir, sin ellos la vida no sería vida, el sentido no tendría sentido y el existir dentro de si mismo se tragaría y dejaría de ser. Y el vivir entonces seria morir.
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