Ir al contenido principal

Poema lamento longevo.

 

Lamento longevo.

En la soledad fría de mis años ceniles, me pregunto cada cuanto me vienen los chispazos de la memoria ¿Que será de mi descendiente? ¿Qué le habré hecho para merecer el único saludo de su abandono? ¿Sería muy poca la lacena de amor que invertí en él desde el mismo día que lo abrace con mis pupilas y lo mire con la piel de mis brazos? Si hubiera podido congelar su sonrisa producto del idealismo del héroe que fui en su infancia. Vaya que el sentido de la vida para el hombre cambia según la curvatura de su edad, ayer era su héroe; hoy menos que un estorbo.

No deseo morir aunque consiente soy de mis años de gracia, pero tengo sueños y eso vivifica más que la juventud. Por eso creo que aunque mi hijo cree que esta viviendo, me gustaría enseñarle que la vida no se termina con la muerte, ni se alimenta de que haceres o trabajo. Se alimenta de cosas tan simples como el soñar que el vendrá, con un paquete de chocolates que saben a su ternura, y una taza de café caliente endulzada con las ganas de perder el tiempo con conversaciones que evocan las risas, la melancolía y el recuerdo. 

Desearía vivir dos vidas más, para acompañarlo en los años cuando su blanca cabellera y su arrugada piel se sienten a mirar la vida de ayer matizada por las tardes grises de la soledad, esperando a un hijo que quizás tampoco vendrá a traerle chocolates o café. Hijo si volvieras antes de mi partida, te diría que he vivido mis dos temores; el olvido que es peor que la muerte, y el abandono que es el hueco donde se desecha lo que se quiere olvidar. 

No te culpo del todo, creo que hoy pago el precio de lo justo por lo que hice tal cual con mi padre, pero he hablado con Dios para que la cuenta tuya la agregue a mi talonario, para que en tu vejez no debas nada, y tu descendencia no te de a tomar el amargo te de la soledad en noches de lugubre tristeza.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

ANAMELIA DESAPARECIDA. II PARTE CONTINUACION...

Llegó la tarde de ese día y Anamelia no llegó  para la quesera de su abuelo, tampoco para su casa; don Anastasio en vista que esa mañana su adoración no llegó por la preciada leche. Para aumentar su preocupación en la casa estaban consternados por la ausencia de Anamelia, la madre ahogada en desespero; se paseaba de un extremo a otro en la cocina, rechinando unas viejas cholas sintéticas a cada paso. Y daba plegarias a Dios para que nada malo le pasara a su hija; y era inevitable que a los hermanos, vecinos y hasta el mismo don Anastasio no se les reflejara en la mente el atroz asesinato que había pasado semanas antes con la joven hija de doña Paola. Confusión, impotencia desesperanza se apoderaban cada vez más. Don Anastasio en compañía de su compadre Argimiro y otros voluntarios más se hicieron un equipo de búsqueda para rastrear la zona; recorrieron la vieja carretera una y otra vez. Daban voces pronunciando su nombre, pero solo el sórdido eco de la montaña les respondía; se ade...
  juicio de Enamorados. Y él la miró con ojos de ternura que trasmitían   desde su iris un amor profundo, que aun en el paredón de fusilamiento se negaba a morir; y le preguntó- ¿porque te marchas? -Ella respondió -simplemente   saco mi física figura de las paredes del abandono donde me encerraste; porque de tu vida me sacaste hace mucho- ¿Pero cuando?- preguntó él Como el hombre bomba inocente del daño colateral de sus acciones- desde el mismo instante que te dio igual la prenda que sin duda lucia para ti- respondió ella desde el estrado emocional de su defensa, aunque era su defensa le dolía porque se defendía de aquel a quien amaba y continuó con su pretexto; desde el mismo momento que tu mirada hacia mí se volvió pálida y fría-Pero yo te amo, como si tu alma fuese la mía- expresó encendido en una agonía-no dudo tu amor- asintió sin ira-pero me diste amor de bolsas vacías, migajas dormidas que yo recogía; porque a pesar de todo yo si quería, quería mantener pilares c...

POEMA: OLVIDAR AMANDO

LEER NUTRE LA MENTE OLVIDAR AMANDO. Asómate a la ventana de tus sentimientos, dime que ves; dime que no es cierto, que el sol del olvido alumbra tu pecho. Dime si me miras en tus pensamientos, dime si he llorado, o si estoy sonriendo; dime si mi rostro se está decayendo; quiero que me digas sin que sientas miedo, si la flor hermosa de promesa y sueños; se muere de frio, le llegó su tiempo. Si me ves tan solo, en tus pensamientos; quiero que me abraces que me des un beso; no serás culpable del triste momento. No fue desamor, no fueron los celos; déjame explicarte como yo lo entiendo. Factores extraños mermaron tu afecto, te hicieron cambiar tu anterior aspecto y, si alguien pregunta ¿Cómo eres por dentro? Cerraré mis ojos y diré sonriendo; en su corazón tiene un monumento, labrado en amor cubierto en silencio.