Ir al contenido principal

REFLEXIÓN: CUANTO TIENES, CUANTO VALES.

          

 

CUANTO TIENES, CUANTO VALES.

Pregunté a mi padre un día

-        -  Porque la gente repite ese dicho popular, de que cuanto tienes, cuánto vales?

-        -  Hijo ese es un dicho muy mal dicho, la gente confunde fácilmente las cosas humildad con pobreza, imprudencia con sinceridad, usura con ganancia, inteligencia con violencia, carácter con maltrato verbal.

Esto lo decía mi padre mientras mostraba una calma, que contagiaba no solo con su expresión física; sino también en cada palabra que articulaba. Y continuó dándome una respuesta que despejo por completo la duda central que yo tenía sobre ese dicho; la cual la relación de valor y costo en una persona.

-        -  Ciertamente hijo esta sería la gran diferencia, el costo no es más que una cantidad monetaria que se le coloca a un objeto o ser viviente, para la época de la esclavitud; la servidumbre tenía un costo de acuerdo a las características físicas que el comprador buscaba. Era común vender a los seres humanos, así lo relata la historia; ahora presta atención porque más importante que el costo, es el valor. El valor en los objetos nace cuando creas una afinidad sentimental con él, es decir; puedes comprarte un anillo de oro de un alto costo, pero al hacerlo parte de ti, no lo vas a querer ni por el oro ni por el costo; sino por el valor que le has dado. En los seres humanos el valor, lo representa las cualidades que el posee, no es por lo material que tengas en tu poder; sino por las cosas que no se pueden ver y que llevan dentro.

Aprendí entonces, que el costo representa una cantidad impuesta, el valor una cualidad que nace o se posee. Allí la gran diferencia.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

CUENTO: LOS FORASTEROS.

 LOS FORÁNEOS. La brisa de este pueblo me susurró en el oído como si me quisiera dar aviso de algo, seguí caminando por la fragmentada acera desaparecida en algunos tramos. La lluvia de la mañana había dejado los huecos del deteriorado asfalto rebosantes de agua amarillenta, empeñada en mancillar la pulcritud de mis zapatos blancos a poco usar.  Los seis años de mi ausencia no parecían tan largos ni tan cambiantes en mi memoria, las casas abandonadas reflejaban lo contrario. Solo dos casas de las cuarenta y cinco estaban ocupadas, una por don Mariano, por la necesidad supongo de alimentar su aserradero de la tupida montaña que sombrea por las tardes al pueblo. La otra, era la de los Colmenares, me imaginé muchas veces de pequeño viviendo en esa casa. Creo que me atraía el aspecto tétrico que daba su cerca de enredaderas junto a las dos columnas con cabeza de dragón en el extremo superior qué adornaban el frente. Era silenciosa así la recuerdo.  A los viejos Colmenares se...
  juicio de Enamorados. Y él la miró con ojos de ternura que trasmitían   desde su iris un amor profundo, que aun en el paredón de fusilamiento se negaba a morir; y le preguntó- ¿porque te marchas? -Ella respondió -simplemente   saco mi física figura de las paredes del abandono donde me encerraste; porque de tu vida me sacaste hace mucho- ¿Pero cuando?- preguntó él Como el hombre bomba inocente del daño colateral de sus acciones- desde el mismo instante que te dio igual la prenda que sin duda lucia para ti- respondió ella desde el estrado emocional de su defensa, aunque era su defensa le dolía porque se defendía de aquel a quien amaba y continuó con su pretexto; desde el mismo momento que tu mirada hacia mí se volvió pálida y fría-Pero yo te amo, como si tu alma fuese la mía- expresó encendido en una agonía-no dudo tu amor- asintió sin ira-pero me diste amor de bolsas vacías, migajas dormidas que yo recogía; porque a pesar de todo yo si quería, quería mantener pilares c...

ANAMELIA DESAPARECIDA. II PARTE CONTINUACION...

Llegó la tarde de ese día y Anamelia no llegó  para la quesera de su abuelo, tampoco para su casa; don Anastasio en vista que esa mañana su adoración no llegó por la preciada leche. Para aumentar su preocupación en la casa estaban consternados por la ausencia de Anamelia, la madre ahogada en desespero; se paseaba de un extremo a otro en la cocina, rechinando unas viejas cholas sintéticas a cada paso. Y daba plegarias a Dios para que nada malo le pasara a su hija; y era inevitable que a los hermanos, vecinos y hasta el mismo don Anastasio no se les reflejara en la mente el atroz asesinato que había pasado semanas antes con la joven hija de doña Paola. Confusión, impotencia desesperanza se apoderaban cada vez más. Don Anastasio en compañía de su compadre Argimiro y otros voluntarios más se hicieron un equipo de búsqueda para rastrear la zona; recorrieron la vieja carretera una y otra vez. Daban voces pronunciando su nombre, pero solo el sórdido eco de la montaña les respondía; se ade...