Ir al contenido principal

POEMA: TEMPLE DE ROSAS. Dedicado a ese ser extraordinario tan maravilloso en su día; Dios te bendiga mujer.

TEMPLE DE ROSAS.

Femenina rosa de temple formada; aroma de lirio, de lluvia temprana. Guerrera de siglos Débora en batallas, paladín de Dios, piedra bien forjada; para construir sociedades francas. Mujer como madre, mujer como hermana, mujer como esposa, mujer en palabras ¿Cómo te defino? Pregunta mi alma; letras conocidas sé que no me bastan, eres tan completa de ferviente flama, agua de los ríos que  aquieta las ansias, al niño sediento que inocente calla. Dulce compañía a quien tu lecho gana; ángeles se lloran cuando un piltrafa, maltrata y destruye lirios de sabana.

Hábil en su forma  si sabes amarla, de cambiar amorfos en obras preciadas. Cambian en hogar una simple casa, cambian la simiente por frutos con calma, ellos garantizan la existencia humana. No eres hoja seca; mujer si te amas, piensa en tu valor, piensa en tu importancia, eres perla hermosa bañada en cascadas del monte de Dios; dulce piel de lana. Valiente y voraz cual ardiente llama; que  eres fuerza débil es una falacia, he visto gotitas derribar montañas, he mirado estrellas alumbrar galaxias, te conozco firme con botas calzadas, vestido sujeto y sueño en canastas.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

CUENTO: LOS FORASTEROS.

 LOS FORÁNEOS. La brisa de este pueblo me susurró en el oído como si me quisiera dar aviso de algo, seguí caminando por la fragmentada acera desaparecida en algunos tramos. La lluvia de la mañana había dejado los huecos del deteriorado asfalto rebosantes de agua amarillenta, empeñada en mancillar la pulcritud de mis zapatos blancos a poco usar.  Los seis años de mi ausencia no parecían tan largos ni tan cambiantes en mi memoria, las casas abandonadas reflejaban lo contrario. Solo dos casas de las cuarenta y cinco estaban ocupadas, una por don Mariano, por la necesidad supongo de alimentar su aserradero de la tupida montaña que sombrea por las tardes al pueblo. La otra, era la de los Colmenares, me imaginé muchas veces de pequeño viviendo en esa casa. Creo que me atraía el aspecto tétrico que daba su cerca de enredaderas junto a las dos columnas con cabeza de dragón en el extremo superior qué adornaban el frente. Era silenciosa así la recuerdo.  A los viejos Colmenares se...
  juicio de Enamorados. Y él la miró con ojos de ternura que trasmitían   desde su iris un amor profundo, que aun en el paredón de fusilamiento se negaba a morir; y le preguntó- ¿porque te marchas? -Ella respondió -simplemente   saco mi física figura de las paredes del abandono donde me encerraste; porque de tu vida me sacaste hace mucho- ¿Pero cuando?- preguntó él Como el hombre bomba inocente del daño colateral de sus acciones- desde el mismo instante que te dio igual la prenda que sin duda lucia para ti- respondió ella desde el estrado emocional de su defensa, aunque era su defensa le dolía porque se defendía de aquel a quien amaba y continuó con su pretexto; desde el mismo momento que tu mirada hacia mí se volvió pálida y fría-Pero yo te amo, como si tu alma fuese la mía- expresó encendido en una agonía-no dudo tu amor- asintió sin ira-pero me diste amor de bolsas vacías, migajas dormidas que yo recogía; porque a pesar de todo yo si quería, quería mantener pilares c...

ANAMELIA DESAPARECIDA. II PARTE CONTINUACION...

Llegó la tarde de ese día y Anamelia no llegó  para la quesera de su abuelo, tampoco para su casa; don Anastasio en vista que esa mañana su adoración no llegó por la preciada leche. Para aumentar su preocupación en la casa estaban consternados por la ausencia de Anamelia, la madre ahogada en desespero; se paseaba de un extremo a otro en la cocina, rechinando unas viejas cholas sintéticas a cada paso. Y daba plegarias a Dios para que nada malo le pasara a su hija; y era inevitable que a los hermanos, vecinos y hasta el mismo don Anastasio no se les reflejara en la mente el atroz asesinato que había pasado semanas antes con la joven hija de doña Paola. Confusión, impotencia desesperanza se apoderaban cada vez más. Don Anastasio en compañía de su compadre Argimiro y otros voluntarios más se hicieron un equipo de búsqueda para rastrear la zona; recorrieron la vieja carretera una y otra vez. Daban voces pronunciando su nombre, pero solo el sórdido eco de la montaña les respondía; se ade...