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LOS CUATRO CIMARRONES II PARTE




 

Jadeante venia llegando Pedro José con una noticia un tanto incomoda –primo me avisaron que el encargado del hato la golondrinas, dió aviso de que todos los ganaderos de la zona; tenemos que entregar el queso a una fundación del gobierno para que ellos lo vendan en una feria popular.

-yo no creo primo que eso sea así, imagino de ser así el precio al querrán pagarnos –intervino Mariano mostrando su disgusto por la noticia.

-¿pagarnos? –Preguntó Pedro José haciendo una mueca en la boca, y frunciendo el ceño –eso costos del gobierno no se les puede llamar ni precio.  

A la reunión se le agrega el viejo Genaro, un hombre de poca letra; muy golpeado por los años su doblada figura lo demostraba. Un hombre que a pesar de su vasta experiencia, parecía que su vejez había mermado su entusiasmo y su deseo de lucha.

-¿cómo están los señores?-saluda apoyándose en su bastón brillante de araguaney.

-estamos bien, gracias a Dios -responden a una voz -pase y siéntese.

-dirán ustedes que soy bien safrisco, pero escuché como que hablaban de una feria- a lo que María le interrumpe –don Genaro pero usted tiene buen oído, así dice y que no oye muy bien.

-no mijita no crea, a veces estoy que no oigo naita –decía mientras se sentaba con lentitud en una silla de cuero.

Mariano con su elocuencia le dio una breve reseña –resulta don Genaro, que el gobierno parece que nos va a pedir que le vendamos el queso, o no será ni vender será regalar; según para unas ferias populares.

-¿y eso sería malo o bueno? ¿Qué dicen ustedes? –pregunta como con un aire de incomodidad ya que para su juicio, el hombre como le llamaba defendía al pueblo con las uñas.

-malo don Genaro eso no tiene nada productivo para nosotros, para nadie es una mentira el manejo de la moneda extranjera en este país; y le aseguro que ellos nos vendrán pagando con unos piches centavos.

-bueno muchachos pero ustedes le ven lo malo, pero miren la parte guena; el producto iría pa´ la comunidad y a menor precio; mire que el hombre dijo ayer por la radio que está luchando por llevale la comida al pueblo.

-eso suena bonito don Genaro, pero mi trabajo cuesta además que con regalar mi trabajo, las tres bocas que tengo en casa no van a comer –replicó Pedro José enrollándose el ruedo del pantalón.

-caracha por la mezquindad estamos como estamos, después decimos que el hombre es quien tiene la culpa; pero es que nosotros mismos no colaboramos para  salí de la mala situación –dijo don Genaro justificando una mala gestión, que para el mismo era paupérrima; pareciera que se le había fundido el juicio, quizás porque no todos los días podía ver el pan sobre la mesa las tres veces.

-vea don Genaro yo le voy a decir lo que es colaborar con la comunidad –dijo mariano con ímpetu, señalando con su mano derecha hacia el corral de ordeño –esa empalizada se pone todos los días en la mañana que no cabe un alma, con garrafas de todos los tamaños, y si no les pongo una medida me quedo sin leche para la cuajada; pero no se la niego porque sé que muchos, eso es lo que van a desayunar con guarapo.

Don Genaro guardó silencio, paseando en su boca una mascada de tabaco; el silencio se debía a que sus nietos también venían a buscar del preciado líquido. Él había sido dueño de rebaños, pero sus malas decisiones lo llevaron a la ruina.

Pasada una semana el rumor se hacía cierto, un carro rustico llegó al tranquero del hato los cuatro cimarrones. Tres hombres con chalecos identificados del ministerio de alimentos, bajan del vehículo cada uno con una carpeta debajo del brazo. Tenían lentes oscuros, la circunferencia de sus cavidades abdominales y los zapatos de marca daban el aspecto, de que una crisis solo existe para los gobernados.

Los hombres saludan, desde el corral Mariano les responde el saludo, invitándolos a pasar. Los hombres le informan que por directrices del poder central tenía que poner su producto en venta  en una feria que se haría a cielo abierto a la ciudad; el comunicado tenía un extenso palabrerío, muy típico de personas eufóricas que se denominan rebeldes contra el mundo cruel del auge económico.

Un fragmento rezaba de esta manera:

“en virtud de la lucha constante contra el hambre de los pueblos, inducida por los oligarcas dueños del mundo, se le notifica a los ganaderos de la región; que deben poner sus productos derivados de la leche, a disposición de las trincheras que luchan día a día, para mantener a nuestro pueblo con la seguridad del acceso al alimento”

Mariano se pasó  la mano por la barbilla, y con suspiro de desagrado expresó:

-caramba yo creo que allí sino voy a poder colaborarles, explíquenme algo ¿voy a tener algún beneficio por eso?

-la satisfacción de haber luchado por el bienestar de la patria –respondió uno de los emisarios, quien tenía un aspecto de vendedor callejero de piraterías, apresurado por salir de ella.

Mariano por ser un hombre de una inteligencia ligada a la paciencia y la sabiduría decidió no contender con los hombres; pero en un mensaje entre líneas les dejó ver su posición de no estar conforme, con regalar el trabajo de sus manos y sustento de su familia, para él era dar en vano el futuro de Luis Mariano su hijo adorado y becerrero adiestrado. Y les expuso su tesis razonable, pero para los eufóricos la razón no convence.

-vean mis amigos en el supuesto que yo entregue mis producto, a esto que ustedes me piden ¿Cómo hago luego para pagarle al muchacho que me ayuda en el ordeño? Él también tiene familia-y continuo Mariano con sus cálculos de economía pecuaria-un pote de cuajo me cuesta la mitad de una semana de producción, y si hablamos de vacunas me van a dar ganas de llorar; no les estoy diciendo por negarme sino porque lo creo injusto.

-pero por los insumos no se preocupe, vaya a la agropecuaria y solicite lo que necesita para eso estamos para garantizar el motor productivo del pueblo-respondió el hombre que por lo visto era el líder del grupo.

-¿a cuál agropecuaria? ¿Usted dice la del ministerio? De allí me retiré porque eso quedó como sabana en marzo-dijo Mariano tajante, poniendo punto final a la conversación dejando a los emisarios sin argumento y retirándose del lugar. CONTINUARÁ...

 

  

 

 

 

 


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