Ir al contenido principal

ANAMELIA DESAPARECIDA. V PARTE ACERCANDOSE


Con otro certero disparo el candado quedó destrozado, al levantar la escotilla sus ojos miraron atónitos una habitación de quizás unos dos metros cuadrados y en una esquina una mujer con pies y manos atadas; la ropa rasgada ojos vendados y se notaba un aspecto palúdico, degradado, un ser ultrajado como un animal salvaje. Laceraciones en los hombros, sin poder expresar un grito aunque lo deseaba; pero se lo impedía una sucia mordaza. Al verla don Anastasio su corazón entro en sobresalto.

-¡Anamelia mi niña!- gritó Anastasio con toda la esperanza de haber encontrado con vida la luz de sus ojos.

La habitación no tenía entrada de luz, lo que dificultaba identificar plenamente si era Anamelia; el comisario llega consternado por los disparos, pidiendo que le aclararan lo ocurrido.

-encontramos a la muchacha comisario, la queremos soltar pero esta oscuro no vaya a ser que la cortemos- expreso Anastasio rebosante de alegría.

- no le vayan a picar el mecate todavía, aquí tengo una linterna- buscando diligentemente en un bolsito su foco de mano, dijo el comisario.

La luz del foco trajo también una oscuridad personal para Anastasio; no era Anamelia, habían encontrado a la nieta de doña Paola. Llegaron como los don Quijotes en rescate de la desvalida Dulce Inea, era una pieza clave esta joven para encontrar al pervertido secuestrador. Saliendo de la abandonada casa, el comisario encontró una tarjeta de presentación que decía: POSADA TANUBIO. Se la guardó en su bolsillo sin decir nada más, para no cegar a don Anastasio y fuese a tomar una mala decisión contra el comprador de ganado; que justo se había marchado del pueblo a la desaparición de la nieta de doña Paola.

La joven encontrada no sirvió de mucho para dar con el monstruo, pues no había podido ver en la oscuridad el rostro de su opresor, el médico de la localidad certificó que la joven había sido abusada sexualmente.

El comisario sigilosamente fue a abordar al comprador de ganado, y le pidió una razón creíble del porque esa tarjeta estaba en los predios de la propiedad de los Heredia, el hombre expresó una razón que lo sacó del cuadro de la sospecha. Le contó que comprando unas reses en el fundo la Romereña; un obrero que se identificó como trabajador del hato de don Anastasio lo ayudo a embarcar los animales y, le pidió si tenía una tarjeta de contacto de la posada.

Al tener este indicio, fue contarle a don Anastasio y le propuso preparar una emboscada en el viejo camino real; por si el malhechor decidía ir esa noche a las ruinas. No sin antes ir donde el sr Heredia para preguntarle si él había ido en esos días a la vieja fundación, a lo que aseguró no haber ido desde el invierno. Puesto el plan en marcha, al llegar la noche se ocultaron al lado del antiguo camino debajo de un árbol de  aceite gacho muy frondoso, pasadas quizás las 8 de noche con luna clara divisaron en dirección al hato el Roble un hombre de vestiduras similares a las que el encargado había descrito. Al acercarse a la oscura mata los guardianes intentaron sorprenderlo, lo tomaron por la ancha guayabera, pero sigiloso el hombre se zafó de la camisa y partió en una violenta carrera perdiéndose en el espeso pajonal; dejando además de la guayabera un cuchillo tendido en una mata de espinas, el mismo que en la empuñadura tenía las iniciales A.R.

-este es el cuchillo de mi compadre Argimiro- dijo Anastasio como si le hirviera la sangre

 CONTINUARÁ... 




 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

CUENTO: LOS FORASTEROS.

 LOS FORÁNEOS. La brisa de este pueblo me susurró en el oído como si me quisiera dar aviso de algo, seguí caminando por la fragmentada acera desaparecida en algunos tramos. La lluvia de la mañana había dejado los huecos del deteriorado asfalto rebosantes de agua amarillenta, empeñada en mancillar la pulcritud de mis zapatos blancos a poco usar.  Los seis años de mi ausencia no parecían tan largos ni tan cambiantes en mi memoria, las casas abandonadas reflejaban lo contrario. Solo dos casas de las cuarenta y cinco estaban ocupadas, una por don Mariano, por la necesidad supongo de alimentar su aserradero de la tupida montaña que sombrea por las tardes al pueblo. La otra, era la de los Colmenares, me imaginé muchas veces de pequeño viviendo en esa casa. Creo que me atraía el aspecto tétrico que daba su cerca de enredaderas junto a las dos columnas con cabeza de dragón en el extremo superior qué adornaban el frente. Era silenciosa así la recuerdo.  A los viejos Colmenares se...
  juicio de Enamorados. Y él la miró con ojos de ternura que trasmitían   desde su iris un amor profundo, que aun en el paredón de fusilamiento se negaba a morir; y le preguntó- ¿porque te marchas? -Ella respondió -simplemente   saco mi física figura de las paredes del abandono donde me encerraste; porque de tu vida me sacaste hace mucho- ¿Pero cuando?- preguntó él Como el hombre bomba inocente del daño colateral de sus acciones- desde el mismo instante que te dio igual la prenda que sin duda lucia para ti- respondió ella desde el estrado emocional de su defensa, aunque era su defensa le dolía porque se defendía de aquel a quien amaba y continuó con su pretexto; desde el mismo momento que tu mirada hacia mí se volvió pálida y fría-Pero yo te amo, como si tu alma fuese la mía- expresó encendido en una agonía-no dudo tu amor- asintió sin ira-pero me diste amor de bolsas vacías, migajas dormidas que yo recogía; porque a pesar de todo yo si quería, quería mantener pilares c...

ANAMELIA DESAPARECIDA. II PARTE CONTINUACION...

Llegó la tarde de ese día y Anamelia no llegó  para la quesera de su abuelo, tampoco para su casa; don Anastasio en vista que esa mañana su adoración no llegó por la preciada leche. Para aumentar su preocupación en la casa estaban consternados por la ausencia de Anamelia, la madre ahogada en desespero; se paseaba de un extremo a otro en la cocina, rechinando unas viejas cholas sintéticas a cada paso. Y daba plegarias a Dios para que nada malo le pasara a su hija; y era inevitable que a los hermanos, vecinos y hasta el mismo don Anastasio no se les reflejara en la mente el atroz asesinato que había pasado semanas antes con la joven hija de doña Paola. Confusión, impotencia desesperanza se apoderaban cada vez más. Don Anastasio en compañía de su compadre Argimiro y otros voluntarios más se hicieron un equipo de búsqueda para rastrear la zona; recorrieron la vieja carretera una y otra vez. Daban voces pronunciando su nombre, pero solo el sórdido eco de la montaña les respondía; se ade...